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PARTE III - RECONOCERSE PARA VIVIR

Diciembre 24 de 2018:

Antes de poner una frase supremamente entusiasta, quiero hacer una nota de autor anexa a la que encontrarán dentro del tomo. Estaba editando esta parte, pues hasta la quinta, aproximadamente, las había escrito hace casi tres años y mi yo escritor de ese entonces no tiene tantas ideas, léxico y redacción como el de ahora. No quiero desmeritar a mi yo de ese entonces, pues le amo y gracias a él esta historia existe, pero bueno, ustedes entenderán. Hay que hacer de cada cosa lo mejor. Pero tampoco es el caso eso. Este capítulo sin duda alguna es extremadamente fuerte para mí, porque esta novela es también parte de la terapia que me recuperó de mi caída más grande, y la escribí en momentos de desolación y colapso catastrófico absoluto. Volver a leerla y ver dónde estoy ahora es realmente significativo. Valoraré que por favor no hagan preguntas ya que iniciar una conversación conmigo es realmente fácil. Aquí es donde en serio me encantaría ser escritor famoso y tener ya ese poder que no sé si se compra en amazon o qué bledos, pero me refiero al de no contestar a todo y seguir siendo el crack de cracks. No, yo me veo en la obligación de responder, así que andémonos pasito.
A este punto muchos habrán sentido que soy Alexander, pero es curioso, no podré negarlo, pero tampoco admitirlo. Alexander es como un hijo literario. Y así como ustedes saben el cuento este de la genética, hay cosas que se heredan. A lo que quiero ir es a que recuerden en cada letra que recen, eso que rezo yo: "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia". Las cosas que escribimos siempre tendrán algo nuestro, por eso son NUESTRAS producciones y tenemos derecho de autor sobre ellas. Retomando lo que mencionaba arriba, quiero también destacar algo y es la tal Ana Lucía. Existe. Ella si es puramente real. Lo gracioso y jocoso, es que es como ustedes un lector. A ti, querida Ana, espero veas lo que pasaba en nuestra distancia. Tal vez publicar esta novela nos ayude a sanar a ambos.

No siendo más, y volviendo a mis cabos: ¡WONKA DIJO GÓCENLO, OKS!

-Andrés E. Meneses S.

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